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11 junio 2024

#Mercados: EE.UU y Europa convergen

Ha constituido un cliché económico, a lo largo del tiempo, la máxima de que los EE.UU., en tanto que locomotora mundial, van por delante del ciclo económico europeo.

En términos generales, esto es así. No obstante, desde finales de 2023 se ha ido produciendo una separación en las sendas de ambos ciclos, hasta el punto de dejar a las dos orillas del Atlántico en un momento de claro desacoplamiento…hasta ahora.

Antes de hablar de la convergencia, apenas atisbada, conviene recordar de dónde venimos. Y no nos estamos refiriendo a hace unos años, ni siquiera unos meses: basta con pocas semanas. Lo que estábamos observando eran unos EE.UU.  que presentaban sistemáticamente datos de actividad económica, crecimiento y empleo significativamente mejores que la media europea -aquí España es una excepción-. También presentaban datos de inflación más elevados, algo natural en una economía abiertamente más dinámica. En ese contexto, el razonamiento base era que Europa podría empezar a bajar tipos -cosa que acaba de hacer- mientras que los EE.UU. deberían esperar algo más. Ahí tenemos la divergencia.

Sin quitar ni una coma de lo anterior, en los últimos días estamos recopilando una serie de datos macro que nos indican que es posible que hayamos iniciado el camino hacia la mayor sincronización. Esta sincronía vendría dada tanto por una moderación de la economía americana como por una aceleración de la europea.

En el caso de EE.UU., el dato de deflactor subyacente del consumo personal americano -la medida de precios preferida de la Reserva Federal- moderó una décima en términos mensuales, estabilizando en el 2.8%. También el ISM de manufacturas cae a niveles de 48.7, lo que sugiere una clara desaceleración de la oferta, si bien se trata de un indicador que lleva marcando niveles de contracción varios meses, sin que se haya producido un empeoramiento de las condiciones económicas estadounidenses. Por lo que respecta al empleo, comienza a dar señales de cierto tensionamiento. Pero, aunque de vez en cuando tenemos datos contrarios a esta tendencia -en general, datos que se refieren especialmente a sector servicios y consumo- y, desde luego no prevemos un derrumbe de la economía estadounidense, sí parece que tenemos evidencias de que Norteamérica, suavemente, ralentiza.

En el caso de Europa, tenemos justo el caso contrario: la inflación está más contenida, pero los últimos datos publicados sugieren algo de subida de los IPC´s, debido al incremento de los precios de electricidad y carburantes. Adicionalmente, el crecimiento es mucho más laxo que en EE.UU. -España, de nuevo, como excepción- si bien observamos una recuperación en casi toda Europa, aún tibia en Alemania, pero en la dirección adecuada.

Si comparamos los dos párrafos anteriores, intuimos claramente la convergencia a la que nos referimos en el título de este artículo. Esta convergencia debería verse beneficiada por el hecho de que Europa ha bajado tipos antes que Norteamérica, lo que debería favorecer algo el crecimiento del Viejo Continente, al tiempo que da más margen a EE.UU. para seguir embridando su inflación. La idea es que, una vez acercadas las posturas de los dos lados del Atlántico, los movimientos vayan más en paralelo. Un poco como dos objetos flotantes, separados, pero moviéndose al compás de las mismas ondas.

Naturalmente, los mercados están muy atentos a todo esto. En un primer momento, la normalización de la deuda europea debería anticiparse a la norteamericana, lo cual convierte a nuestros bonos en más apetecibles para el inversor que los estadounidenses, a corto plazo. Adicionalmente, el mayor crecimiento europeo -no en magnitud, pero sí en dirección y sentido- y las mejores valoraciones de salida, convierten también a las bolsas europeas en un activo con más recorrido que las americanas, a priori.

En todo caso, no debemos perder de vista dos puntos muy importantes. En primer lugar, el hecho, obvio, de que el escenario central comentado puede no cumplirse. En otras palabras, que no veamos convergencia. De ser así, probablemente, el eslabón más débil de la cadena sería que la economía estadounidense acelere por encima de previsiones, algo que, aunque positivo en muchos factores, podría llevar aparejada una mayor inflación y, con ello, un cambio de sesgo con respecto a las posibles bajadas de tipos…incluso nuevas subidas, aunque esto es poco probable. Esto podría ser positivo para la renta variable, dentro de un orden, en la medida que infiera beneficios empresariales al alza. Para la renta fija sería muy negativo, en una primera instancia.

El segundo aspecto a tener en cuenta es la cita electoral de noviembre en EE.UU. El cambio de inquilino en la Casa Blanca podría llevar aparejados cambios muy sustanciales que tendrían efecto sobre los mercados. En concreto, el programa del candidato Trump infiere mayores déficits, por la vía no tanto del gasto como del recorte de impuestos. Punto muy importante para la deuda americana. En el ámbito geopolítico, sería esperable una actitud más tibia con respecto a Rusia -probablemente una buena noticia a corto plazo para las bolsas, otra cosa es el impacto estratégico a largo plazo de asumir algo parecido a una victoria rusa- y más dura con respecto a China, en el ámbito comercial. Es decir, más inflacionista, por la vía de los mayores costes en las cadenas de suministro.

En resumen, la incertidumbre habitual se ve matizada por el hecho de que comenzamos un nuevo ciclo (bajadas de tipos) dentro de una nueva era (mercados internacionales menos líquidos, más inflacionistas, bloques geopolíticos, etc.) que devuelve protagonismo a la renta fija frente a otras alternativas de inversión, lo que constituye un cambio radical frente a lo visto durante la mayor parte de la pasada década. A partir de ahí, la convergencia, tema de este artículo, no solo es posible, sino abiertamente deseable.

 

 

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